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Guerra y paz

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Guerra y paz
Название: Guerra y paz
Автор: Tolstoi Leon
Дата добавления: 16 январь 2020
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Guerra y paz - читать бесплатно онлайн , автор Tolstoi Leon

Mientras la aristocracia de Moscu y San Petersburgo mantiene una vida opulenta, pero ajena a todo aquello que acontece fuera de su reducido ambito, las tropas napoleonicas, que con su triunfo en Austerlitz dominan Europa, se disponen a conquistar Rusia. Guerra y paz es un clasico de la literatura universal. Tolstoi es, con Dostoievski, el autor mas grande que ha dado la literatura rusa. Guerra y paz se ha traducido pocas veces al espanol y la edicion que presentamos es la mejor traducida y mejor anotada. Reeditamos aqui en un formato mas grande y legible la traduccion de Lydia Kuper, la unica traduccion autentica y fiable del ruso que existe en el mercado espanol. La traduccion de Lain Entralgo se publico hace mas de treinta anos y presenta deficiencias de traduccion. La traduccion de Mondadori se hizo en base a una edicion de Guerra y paz publicada hace unos anos para revender la novela, pero es una edicion que no se hizo a partir del texto canonico, incluso tiene otro final. La edicion de Mario Muchnik contiene unos anexos con un indice de todos los personajes que aparecen en la novela, y otro indice que desglosa el contenido de cada capitulo.

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«Tolstói dudó mucho, sí, pero en definitiva esa aprobación le interesaba sobremanera. “ Guerra y paz—escribía en 1868— es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado.” El lugar adecuado para la traducción a la que nos referimos sería un Anexo del texto completo, en un volumen de “La Pléiade”, por ejemplo. Y eso para no mencionar que para sustituir otra traducción a la enjundiosa obra maestra de Henri Mongault [el traductor al francés de la obra canónica], hay que ser capaz de mejorarla, algo que está lejos de ser el caso. En el siglo XIX se publicó una obra de Gogol podándole las frases de una página, en un corte à laVoltaire: se supuso que el público francés no soportaría un equivalente del original. También es posible acortar el Ulises, recortar Ada, simplificar El adolescenteo tapiar algunas de las demasiado complicadas “oscuras calles del sueño” en Proust. Si hay que leer este borrador de Guerra y paz, que no sea sino después de haber leído el texto definitivo, y junto con otros borradores. Comenzar por el conjunto y bajar a los trabajos de aproximación, no al revés. ¡Coged la edición de “La Pléiade”, o cualquier otra traducción, en nombre de vuestro propio placer de leer; no cojáis este Tolstói de bolsillo!»

En una palabra: tan pobre parece ser esta versión que Tolstói la guardó en un cajón y jamás la hizo editar. Volvió a escribir la novela entera, cuyo resultado es nuestra obra maestra y que fue repetidas veces reeditada en vida del autor. La edición rusa de bolsillo no es sino una astuta operación comercial —como lo es, según Georges Nivat, la edición francesa de Seuil y como lo serían borradores de Ada, de Nabokov, o de En busca del tiempo perdido, de Proust: rarezas para estudiosos, aptas para un apéndice de variantes al final de la obra en ediciones anotadas —pero nunca sustitutos de la versión original aprobada por el autor.

No sé con qué estado de ánimo se fue Gala Arias de mi casa. Le conté algo de todo esto, poco, para no desalentarla demasiado. Pero no podía ocultárselo.

26 de junio de 2003

Durante el último fin de semana de la Feria del Libro de Madrid —calor sofocante en la caseta de la librería Antonio Machado, donde Kenizé Mourad firmaba decenas de ejemplares de El perfume de nuestra tierra, su libro de testimonios sobre la guerra israelí palestina, y yo algunos ejemplares de mis, por así llamarlos, libros— se me acercó una persona.

—Me llamo Yan— me dijo un muchacho sonriente con leve acento mexicano. Me dio su tarjeta y me pidió autorización para llamarme y concertar una entrevista, sin motivo, “Para conocerte más”, me dijo.

Acaba de conocerme más. Se llama Yan Monroy, se presentó en casa hace unas horas con un compañero, también mexicano, me mostró el número cero de una revista de viajes que están por sacar y me pidió que le contara mi trayectoria de editor. Contar los orígenes me divierte, como supongo divierte a todo ser humano que no esté del todo descontento de lo que ha hecho en la vida. Así que les conté mis orígenes y, de digresión en digresión, fuimos a parar a Guerra y paz.

—Me acuerdo de mi primera lectura— me interrumpió Jordi Mariscal, el amigo de Yan. —Eran seis o siete tomos...

—¿Amarillos?

—Amarillos...

—¿De qué formato?

—Más bien grandes— y dibujó en el aire un formato que habría podido ser por lo menos de 20 × 30 centímetros.

—¿Y tú dispones de esa edición? Era de Porrúa, ¿verdad?

—Es probable. Están en la biblioteca de mi madre, en México. Habían pertenecido a mi bisabuela. Cuando murió, mi madre se los llevó a su casa. Y hace unos años, yo debía de tener veinte, tomé el primer tomo y ya no lo pude dejar.

—¿Tú crees que podrías hacer venir esos siete tomos a Madrid, para que yo los vea?

—Por supuesto, dalo por hecho.

Nos echamos a reír los tres, emocionados. Les hablé de mi primera lectura de Guerra y pazo, más bien, La guerra y la paz. Y comprendieron de inmediato que en mí alentaba no sólo la nostalgia de esa época perdida de mi infancia sino la imperiosa curiosidad por cotejar la traducción.

Y desde hace dos o tres horas —soy impaciente— estoy a la espera.

28 de junio de 2003

Ayer visité a Lydia en su nuevo piso. Una inmobiliaria le compró el piso de la Castellana y hace un tiempo se trasladó a éste, que es propiedad de su hija y que no le gusta nada. Esto se suma a esa resistencia universal a cambiar de casa, propia de la gente mayor. Recuerdo la poca gracia que le hizo a mi padre, a sus 88 años, mudarse al piso adyacente al nuestro.

Lydia me hizo un regalo: un medallón con el perfil en relieve de Kutúzov. Hoy, atando cabos al descifrar la inscripción en cirílico al dorso: “Mijaíl Ilariónovich Kutúzov (1747-1813)”, me surgió una idea espeluznante. Una vez expulsado Napoleón de Rusia, en 1812, Kutúzov ya no tenía nada que hacer y se murió. Al fin de la traducción de la novela me pareció —pero no ayer, en el momento, sino hoy— que Lydia quizá tuviera “el complejo de Kutúzov”... Tenemos que volver a hacer planes.

8 de julio de 2003

Me echo sobre la traducción corregida y me leo las primeras cien páginas. El esquema de trabajo es el siguiente:

1. La novela fue íntegramente retraducida (no hay otra palabra) por Lydia, a partir de la inaceptable versión de Laín Entralgo y Alcántara. En papel.

2. Ricardo di Fonzo aporta en pantalla las correcciones de Lydia y le va devolviendo el texto limpio (en papel).

3. Lydia recorrige —ahora su propia traducción— y hace casi el mismo número de correcciones que en su primera lectura, siempre en papel.

4. Ricardo aporta en pantalla estas nuevas correcciones de Lydia y le pasa el texto (en papel), nuevamente limpio, ya no a Lydia sino a José Luis Casares, corrector “de primeras”. Al mismo tiempo, me pasa esta nueva versión a mí, por Internet.

5. Casares corrige y me pasa las páginas por él corregidas, junto con las correspondientes páginas de Lydia.

6. Yo aporto en pantalla las correcciones de Casares en el archivo que me envió Ricardo por Internet, vuelco el texto así corregido en el gran archivo de la novela entera (cuya plantilla difiere de la de Ricardo), vuelvo a imprimir las páginas de marras y se las paso (sin ningún otro texto que pueda servirle de referencia) a Elsa Otero, correctora, no meramente verificadora, “de segundas”.

7. Elsa hace las segundas correcciones tipográficas (en papel) y me devuelve las páginas corregidas.

8. Yo aporto ahora las correcciones de Elsa y vuelvo a imprimir en limpio.

9. Hago la penúltima lectura (en papel), corrigiendo lunares de estilo, puntuación, leísmos y algún laísmo totalmente excepcional.

10. Y a medida que hago esto, voy completando en pantalla las “notas” en el anexo —o sea: la traducción de lo que está en francés en el texto.

11. Todo este trabajo de ajuste cambia la paginación —alguna línea se alarga, alguna se acorta; debo revisar una última vez el texto (en pantalla) en cuanto a viudas, últimas líneas de párrafo de una sola sílaba, fines de línea repetidos, inicio de capítulos casi a pie de página, etcétera.

12. Por fin, vuelvo a imprimir las páginas en limpio. Con ello, tenemos el texto listo para imprenta. Pero... ¡un momento! ¿Lo tenemos? Creo que todavía no. He de resolver el problema de las cursivas.

El hecho es que estoy leyendo por sexta vez esta novela grandiosa. Es cierto que se trata de una lectura “editorial”, pero justamente por eso me está resultando fascinante párrafo a párrafo. Me permite entrar en los mínimos detalles, descubrir una infinidad de recursos del autor —su ciencia para comenzar o terminar capítulos, por ejemplo, lo que suele llamarse “el efecto teatral”. He aquí un caso, durante la evacuación de Moscú por los rusos:

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