Desde Mi Cielo

На нашем литературном портале можно бесплатно читать книгу Desde Mi Cielo, Sebold Alice-- . Жанр: Современная проза. Онлайн библиотека дает возможность прочитать весь текст и даже без регистрации и СМС подтверждения на нашем литературном портале bazaknig.info.
Desde Mi Cielo
Название: Desde Mi Cielo
Автор: Sebold Alice
Дата добавления: 16 январь 2020
Количество просмотров: 589
Читать онлайн

Desde Mi Cielo читать книгу онлайн

Desde Mi Cielo - читать бесплатно онлайн , автор Sebold Alice

A Susie Salmon (s?, igual que el pez) la mataron. Fue violada, asesinada y luego descuartizada en un campo de trigo cuando volv?a del colegio una helada tarde de invierno.

A sus 14 a?os, era una joven como tantas, que so?aba con ir a la universidad, conocer chicos, vestirse a la moda y ser actriz o fot?grafa. Pero ahora ya no est? para contarnos sus planes, sus ansias de futuro… o tal vez s?.

Desde la atalaya de su cielo, en el que ahora habita eternamente, Susie observa la vida en la Tierra de aquellos a quienes dej?.

Desde ese cielo donde ahora puede concretar todos sus sue?os de adolescente, Susie tambi?n relata de forma minuciosa la brutal preparaci?n y ejecuci?n de su asesinato, cometido por un conocido, un vecino del lugar, y descubrir que no es la ?nica chica que ha hecho `desaparecer` dicho individuo.

Una narraci?n fr?a y distante de un acto perverso, en las que Susie intercala sus ingenuas y curiosas experiencias en su cielo. La realidad m?s atroz y perturbadora, junto con la fantas?a de un mundo donde el muerto puede al fin realizar todos sus deseos. Excepto uno: volver a la Tierra junto a los suyos.

A Susie s?lo le queda dedicarse a observar, cuidar e intentar de alguna forma, intervenir en la vida de aquellos a quienes dej? atr?s: su obstinado padre, que no descansar? hasta saber lo que realmente le ocurri?, su madre, que termina aislada de todo y de todos, sus hermanos, que luchar?n por sobrevivir al vac?o dejado por ella y reconstruir sus vidas, sus amigos, inmersos en la lucha diaria por seguir sin su presencia, e incluso en el chico que estaba enamorado de ella y que no logra olvidarla. Desde su cielo, Susie debe aprender tambi?n a resignarse, dejar vivir a los vivos y continuar su derrotero.

Queramos verlo o no, el Mal forma parte de nuestra vida cotidiana, y esta novela desgarradora

Внимание! Книга может содержать контент только для совершеннолетних. Для несовершеннолетних чтение данного контента СТРОГО ЗАПРЕЩЕНО! Если в книге присутствует наличие пропаганды ЛГБТ и другого, запрещенного контента - просьба написать на почту [email protected] для удаления материала

1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 73 ВПЕРЕД
Перейти на страницу:

– No ven con tanta claridad -respondió él, al tiempo que arrancaba el envoltorio de los pequeños alambres que servían para cerrar las bolsas de basura. Si un chico miraba de una manera extraña algún objeto corriente que había por el campamento, lo más probable era que estuviera pensando en cómo utilizarlo para su ratonera.

– Son bastante bonitos -comentó Lindsey una tarde.

Se había pasado casi toda la noche capturando ratones de campo con cuerdas y dejándolos bajo la tela metálica de una conejera vacía.

Samuel los observaba con interés.

– Supongo que podría ser veterinario -dijo-, pero no creo que me gustara abrirlos.

– ¿Tenemos que matarlos? -preguntó Lindsey-. Se trata de construir la mejor ratonera, no el mejor campo de exterminio para ratones.

– Artie está construyendo pequeños ataúdes con madera de balsa -dijo Samuel riendo.

– Qué mal gusto.

– Él es así.

– Se supone que estaba colado por Susie -dijo Lindsey.

– Lo sé.

– ¿Habla de ella? -Lindsey cogió un palo largo y delgado, y lo metió por la tela metálica.

– La verdad es que ha preguntado por ti -dijo Samuel.

– ¿Y qué le has dicho?

– Que estás bien, que estarás bien.

Los ratones no paraban de correr del palo al rincón, donde se amontonaban unos sobre otros en un vano intento de huir.

– Podríamos construir una ratonera con un sofá de terciopelo morado dentro e instalar una trampilla, de modo que, cuando se sienten en el sofá, se abra la trampilla y lluevan bolitas de queso. Podríamos llamarla el Reino de los Roedores.

Samuel no presionaba a mi hermana como lo hacían los adultos. Al contrario, hablaba con minuciosidad de la tapicería del sofá para ratones.

Ese verano empecé a pasar menos tiempo observando desde el cenador, porque seguía viendo la Tierra cuando paseaba por los campos del cielo. Al anochecer, las lanzadoras de jabalina y peso se marchaban a otros cielos. Cielos donde no encajaba una chica como yo. ¿Eran horribles esos otros cielos? ¿Peores que sentirse tan sola entre tus compañeros, que vivían y crecían? ¿O estaban hechos de las mismas cosas con que yo soñaba? Donde podías verte atrapado para siempre en un mundo de Norman Rockwell. Donde continuamente llevaban a una mesa a la cual se sentaba una familia con un pavo que un pariente jocoso y risueño trinchaba.

Si me alejaba demasiado y me hacía preguntas lo bastante alto, los campos cambiaban. Miraba hacia abajo y veía el trigo para los caballos, y entonces lo oía, un canto susurrante y gimoteante que me advertía que me apartara del borde. Me palpitaban las sienes y el cielo se oscurecía, y volvía a ser esa noche, ese perpetuo ayer revivido. Mi alma se solidificaba y se volvía más pesada. De ese modo llegué muchas veces al borde de mi tumba, pero todavía tenía que mirar dentro.

Sí, empecé a preguntarme qué significaba la palabra «cielo». Si esto fuera el cielo, pensaba, el cielo de verdad, aquí vivirían mis abuelos. Y el padre de mi padre, mi abuelo favorito, me cogería en brazos y bailaría conmigo. Yo sólo sentiría alegría y no tendría recuerdos, ni habría campo de trigo ni tumba.

– Puedes tener eso -me dijo Franny-. Mucha gente lo hace.

– ¿Cómo haces el cambio? -pregunté.

– No es tan fácil como tal vez creas -respondió ella-. Tienes que dejar de desear ciertas cosas.

– No lo entiendo.

– Si dejas de preguntarte por qué te han matado a ti en lugar de a otro -explicó ella-, y dejas de investigar la sensación de vacío que ha dejado tu muerte y de preguntarte qué siente la gente que has dejado en la Tierra, entonces podrás ser libre. En otras palabras, tienes que renunciar a la Tierra.

Eso me pareció imposible.

Esa noche, Ruth entró a hurtadillas en la habitación de Lindsey.

– He soñado con ella -susurró.

Mi hermana la miró parpadeando, soñolienta.

– ¿Con Susie? -preguntó.

– Siento lo ocurrido en el comedor -dijo Ruth.

Lindsey dormía en la cama de abajo de una litera triple. Sus vecinas de encima se movieron inquietas.

– ¿Puedo meterme en tu cama? -preguntó Ruth.

Lindsey asintió.

Ruth se deslizó a su lado en la estrecha cama.

– ¿Qué pasaba en tu sueño? -susurró Lindsey.

Ruth se lo dijo, volviendo la cara para que los ojos de Lindsey pudieran distinguir la silueta de su nariz, sus labios y su frente.

– Yo estaba dentro de la tierra -explicó- y Susie se acercaba a mí en el campo de trigo. Yo notaba que se acercaba y la llamaba, pero tenía la boca llena de tierra. Ella no me oía, por mucho que yo tratara de chillar. Luego me desperté.

– Yo no sueño con ella -dijo Lindsey-. Tengo pesadillas de ratas que me mordisquean las puntas del pelo.

Ruth se sentía a gusto al lado de mi hermana, le gustaba el calor que despedían sus cuerpos.

– ¿Estás enamorada de Samuel?

– Sí.

– ¿Echas de menos a Susie?

Porque estaban a oscuras, porque Ruth le volvía la cara y era prácticamente una desconocida, Lindsey confesó lo que sentía:

– Más de lo que nadie sabrá nunca.

El director del colegio Devon se vio obligado a ausentarse por un asunto familiar, y recayó en la recién nombrada subdirectora del Colegio Chester Springs la responsabilidad de organizar, de la noche a la mañana, el concurso de ese año. Quiso proponer algo que no fueran ratoneras.

¿ES POSIBLE SALIR IMPUNE DE UN CRIMEN? CÓMO COMETER EL ASESINATO PERFECTO, anunciaban los folletos que había diseñado apresuradamente.

A los chicos les encantó. Los músicos y poetas, las Cabezas de Historia y los artistas rebosaban de ideas. Mientras se zampaban sus huevos con beicon para desayunar, compararon los grandes asesinatos del pasado que seguían sin resolverse o enumeraron los objetos corrientes que podían utilizarse para infligir una herida mortal. Empezaron a pensar con quién podrían conspirar para asesinar. Todo fue muy divertido hasta las siete y cuarto, cuando entró mi hermana.

Artie la vio ponerse a la cola. Ella todavía no lo sabía, sólo notaba la excitación en el ambiente, que atribuyó a que habían anunciado el concurso de las ratoneras.

Él no apartaba la vista de ella, y vio que el cartel más próximo estaba colgado al final de los recipientes de la comida, encima de las bandejas de los cubiertos. Escuchaba una anécdota sobre Jack el Destripador que contaba alguien sentado a su mesa cuando se levantó para devolver la bandeja.

Se detuvo junto a mi hermana y carraspeó. Yo tenía todas mis esperanzas puestas en ese chico inseguro. «Alcánzala», dije en una oración dirigida a la Tierra.

– Lindsey -dijo Artie.

Lindsey lo miró.

– Sí.

Detrás del mostrador, el cocinero del ejército le sirvió una cucharada de huevos revueltos que cayó con un plaf en su bandeja.

– Soy Artie, de la clase de tu hermana.

– No necesito ataúdes -dijo Lindsey, deslizando su bandeja por la superficie metálica hacia donde estaban los zumos de naranja y manzana en grandes jarras de plástico.

– ¿Qué?

– Samuel me ha dicho que este año estás construyendo ataúdes de madera de balsa para los ratones. No quiero ninguno.

– Han cambiado el concurso -dijo él.

Esa mañana, Lindsey había decidido arrancar el dobladillo del vestido de Clarissa. Sería perfecto para el sofá de los ratones.

– ¿Por cuál?

– ¿Quieres que vayamos fuera? -Artie utilizó su cuerpo para tapar el cartel e impedirle acceder a los cubiertos. Balbuceó-: Lindsey, el concurso va de asesinatos.

Ella se quedó mirándolo. Siguió agarrando su bandeja, con la vista clavada en Artie.

– Quería decírtelo antes de que leyeras el cartel.

Samuel entró precipitadamente en la carpa.

– ¿Qué está pasando? -Lindsey miró impotente a Samuel.

– El concurso de este año va sobre cómo cometer el crimen perfecto -explicó Samuel.

Samuel y yo vimos el temblor. La sacudida interna de su corazón. Se estaba volviendo tan hábil que las grietas y fisuras eran cada vez más pequeñas. Pronto, como si se tratase de un perfeccionado truco de prestidigitación, nadie la vería hacerlo. Podría dejar fuera el mundo entero, ella incluida.

1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 73 ВПЕРЕД
Перейти на страницу:
Комментариев (0)
название