Cyteen 3 - La Vindicacion
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En CYTEEN se dan cita temas trascendentales: la ingenier?a gen?tica, la clonaci?n y los problemas psicol?gicos que plantea, el papel de la herencia y la educaci?n en la maduraci?n de una personalidad inteligente, y la brillante especulaci?n de c?mo los mecanismos de la psicog?nesis individual y la manipulaci?n psicol?gica desembocan inevitablemente en la sociog?nesis de la historia. Una obra de gran ambici?n que satisface plenamente.
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—No tenía otra alternativa.
—¡Claro que sí! Podrías habérmelo explicado. Él meneó la cabeza, lentamente.
—Me estás empujando, Justin. Me estás empujando, mierda.
—No tenía otra salida.
—Y ahora tengo que cooperar y mantenerte a salvo de Giraud, o él hará estallar tu pequeño plan en pedazos, ¿verdad?
—Algo así. ¿Qué más puedo decirte? Espero que lo hagas. Espero que lo hagas; y eres de lo poco en que puedo confiar.
—Gracias.
Él asintió una vez, con firmeza.
—Así que has obtenido una ganga —comentó Ari—. Consigues todo lo que quieres y ni siquiera tienes que acostarte conmigo.
—Ari, no quise decir eso.
—Lo sé. No es justo.
Había un vínculo profundo hacia Ari en los grupos de Justin.
Ella lo sabía. Sabía que estaba activo, en este lugar, a esta hora.
Que tenía dos filos. Él esperaba que ella entrara en el juego para irritar a Giraud. Todavía estaba maniobrando: ella sabía a donde se dirigían las cosas.
Pero los lazos eran más profundos de lo que él sospechaba.
—¿Quieres que lo haga? —preguntó él.
—No lo sé —respondió Ari. Después añadió—: No. No quiero que sea la paga por algo. Hay una pared de seguridad en el vestíbulo. Hay una habitación de invitados al otro lado. Vete allá. Florian te guiará. Yo le pediré a Grant que venga. Florian y Catlin supervisarán a Mantenimiento, cerrarán tu apartamento y empaquetarán cuanto necesites. Si se olvidan de algo, puedes volver con ellos a buscarlo.
Él parecía impresionado y sorprendido.
—Quieres mi ayuda —espetó ella— y eso tiene un precio. Te costará tu apartamento, tu independencia y otros inconvenientes, como a mí. Pero no vas a ir a Seguridad y te aseguro que no le contarás a Giraud lo que sabes de mí. Y éste es el otro filo de tu amenaza, ¿verdad?
—¿Qué quieres decir?
—Estoy segura de que puedes pensar acerca de ello y averiguarlo. Entra por esa puerta de seguridad, tu tarjeta te permitirá el acceso. Te mudarás al Ala Uno, y no sé a quién voy a tener que echar para que lo hagas, pero vas a estar dentro de la seguridad del Ala Uno, y dentro de mi seguridad; sin discusiones.
—Ni una palabra —aceptó él, con calma.
X
— Grant está aquí—anunció el Cuidador y Justin saltó del jergón y estuvo en la puerta antes de que Grant pudiera abrirla; el azi entró solo en el apartamento.
—¿Estás bien? —preguntó Grant al instante.
—Muy bien —respondió Justin y lo abrazó—. Gracias a Dios. ¿Problemas?
Grant negó con un gesto y respiró.
—Recibí la llamada, le pedí a Em que cerrara la oficina, fui al vestíbulo y Catlin me recogió. Me llevó hasta el ascensor. Dijo que iría al apartamento a buscar las cosas más necesarias y todo lo que le pidiéramos.
No había preguntas, nada. La costumbre de media vida.
—Podemos hablar —dijo Justin, dándose cuenta de que en realidad, ahora, no podría mantener nada en secreto si Ari quería averiguarlo, nada que nadie pudiera oír excepto Ari, en ese lugar. Fue un momento de vértigo, las viejas precauciones que se derrumbaban por todos los lados. La idea lo sacudió, lo dejó solo por razones que no podía comprender—. Dios, no es como estar en casa, ¿verdad?
Grant lo abrazó. Justin se sorprendió temblando; de pronto, sin razón, no sabía lo que lo asustaba en concreto, era sólo que nada parecía seguro ahora, ni siquiera las costumbres que habían adquirido para protegerse.
No era su casa. No era el lugar donde siempre había vivido, ni la oscuridad que había tratado de mantener. Estaban cada vez más cerca del centro de Reseune.
—No habrá psicotest —anunció—. Ari me preguntó por qué lo hice, una pregunta razonable. Le expliqué mis motivos. Esta es su idea de una mayor seguridad. Tengo que enseñarte el lugar. No te lo creerás.
Controló los nervios, paseó a Grant por las habitaciones y le dio la perspectiva completa de la sala y el comedor.
Era un apartamento enorme en cualquier escala: un vestíbulo casi totalmente de piedra, con techo de madera nativa plastificada; una sala con mesas de cristal negro; y más allá un comedor con azulejos blancos, paredes blancas, muebles blancos y negros. Dios mío,había sido el primer pensamiento de Justin, un impacto emocional de frialdad brillante, irracional: un almohadón rojo, cualquier cosa para conservar la cordura en este lugar.
—Es bastante... bastante grande —comentó Grant. Lo dijo diplomáticamente, o eso creía—. ¿No te parece?
—Vamos —señaló Justin y continuó el recorrido.
Era mejor en los pasillos, azul pastel y verdes que conducían a una cocina verde hielo y a un vestíbulo blanco ante una suitede habitaciones grises y azules, mucha piedra gris, a veces marrón. Un baño sibarítico en negro y plata, con espejos. Otro, de cristal blanco y verde hielo.
—Dios mío —silbó Grant cuando abrió la puerta que daba al dormitorio principal, negro con una cama blanca, inmensa—. Ahí podrían dormir cinco.
—Probablemente ya lo han hecho —comentó Justin. Y tuvo un momento de destello, pernicioso—. Nos han prometido sábanas y otros pertrechos. Hay un tipo de sistema de registro por donde pasan los objetos, incluso la ropa. Les pone como una marca. Si pasamos la puerta con algo que no está marcado...
—Sonará la alarma. Catlin ya me lo ha explicado. Hasta los calcetines y la ropa interior. —Grant meneó la cabeza y lo miró—. ¿Estaba enfadada?
No hablaba de Catlin. Justin asintió.
—Sí, un poco. Dios sabe que está en su derecho, teniendo en cuenta lo que hice. Pero al menos está dispuesta a escuchar. Al menos eso.
Grant no dijo nada. Pero el silencio ya era bastante elocuente y no era necesario el pequeño músculo que se movió en su cara hacia arriba. ¿Debemos preocuparnos por la vigilancia?
Porque Grant sabía... Grant sabía todo lo que él le había confesado a Ari, y todavía más en lo referente a la intención de distraer a Giraud. Pero había cosas entre él y Ari que no podía mencionar ante un posible monitor, cosas que ella podía buscar en un psicotest pero que Justin no podía sacar a la luz a sangre fría, ni dejar que ella averiguara que Grant las sabía: la sensación que había tenido en la habitación en el apartamento de Ari, el cambio entre el pasado y el presente...
La sensación en las entrañas, ahí, en cada parpadeo que lo llevaba del pasado al presente; mirar cómo los ojos de Ari eran alternativamente los de la antigua y los de la actual, sabiendo, por primera vez desde que él era más joven que la Ari actual, que los sentimientos sexuales que matizaban cada uno de sus roces con otros seres humanos, cada trato que él tenía con la humanidad, tenían un foco, un foco específico, marcado por las drogas.
Tal vez habría podido acostarse con ella. Habría podido acostarse con ella en parte de su propia imaginación. Más, había deseado hacerlo, al menos por unos instantes, hasta que le había sobrevenido el destello, un destello desagradable mientras esperaba que ella le respondiera, y fue consciente de que enloquecería de terror si Ari aceptaba; y estaba atrapado allí, en algún lugar entre una esperanza ferviente y un terror desatado puestos en ella. Como si Ari fuera la llave que le permitiría escapar.
O la destrucción.
Dios, ¿qué me hizo?
¿Qué claves tiene?
—¿ Justin? —dijo Grant y lo tomó del brazo—. ¿ Justin...?
El se aferró al hombro de Grant y tembló.
—Dios, Grant...
—¿Qué pasa? —Los dedos de Grant le apretaron la nuca, haciendo presión—. ¿Justin?
La cabeza le latía. Perdió el mundo de vista durante un momento mientras sudaba frío, sintiéndose perdido excepto por la presión de Grant.
Eso es lo que quería Ari, en todos estos años, hace tanto tiempo. Me quería a mí, obsesionado con ella.
Lo he perdido todo. He arrastrado a Grant y a Jordan conmigo...