Los inconsolables
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Ryder, un famoso pianista, llega a una ciudad de provincias en alg?n lugar de Europa central. Sus habitantes adoran la m?sica y creen haber descubierto que quienes antes satisfac?an esta pasi?n eran impostores. Ryder es recibido como el salvador y en un concierto apote?sico, para el que todos se est?n preparando, deber? reconducirlos por el camino del arte y la verdad. Pero el pianista descubrir? muy pronto que de un salvador siempre se espera mucho m?s de lo que puede dar y que los habitantes de aquella ciudad esconden oscuras culpas, antiguas heridas jam?s cerradas, y tambi?n demandas insaciables. "Los inconsolables" es una obra inclasificable, enigm?tica, de un discurrir fascinante, colmada de peque?as narraciones que se adentran en el laberinto de la narraci?n principal, en una escritura on?rica y naturalista a un tiempo, y cuentan una historia de guerras del pasado, exilios y crueldades, relaciones imposibles entre padres e hijos, maridos y mujeres, ciudades y artistas. Una obra que ha hecho evocar "El hombre sin atributos" de Musil.
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Miré a Boris y vi que no me hacía el menor caso. Entonces me acordé de nuestra pequeña disputa de antes -yo la había ya olvidado-, y pensé que lo mejor sería decir algo capaz de reconciliarnos.
– ¿Así que los dónuts están buenos, eh? -dije-. ¿Vas a dejarme probarlos?
Boris siguió mirando en otra dirección, Esperé unos segundos, y luego me encogí de hombros.
– Muy bien -dije-. Si no quieres hablar, estupendo.
Sophie le tocó a Boris en el hombro, y estaba a punto de rogarle que hablara cuando yo me volví y dije:
– Venga, tenemos que irnos.
Sophie dio otro codazo a Boris. Luego se volvió a mí y me dijo, en tono casi desesperado:
– ¿Por qué no nos quedamos un poco más? Apenas te has sentado con nosotros. Y Boris se está divirtiendo tanto… ¿Verdad, Boris?
Boris volvió a hacer como que no oía.
– Escucha, tenemos que marcharnos -dije-. Vamos a llegar tarde.
Sophie volvió a mirar a Boris; luego me miró a mí con expresión cada vez más iracunda. Luego, finalmente, empezó a levantarse. Yo me di media vuelta y eché a andar hacia la salida sin volverme en ningún momento para mirarles.
