Los inconsolables
Los inconsolables читать книгу онлайн
Ryder, un famoso pianista, llega a una ciudad de provincias en alg?n lugar de Europa central. Sus habitantes adoran la m?sica y creen haber descubierto que quienes antes satisfac?an esta pasi?n eran impostores. Ryder es recibido como el salvador y en un concierto apote?sico, para el que todos se est?n preparando, deber? reconducirlos por el camino del arte y la verdad. Pero el pianista descubrir? muy pronto que de un salvador siempre se espera mucho m?s de lo que puede dar y que los habitantes de aquella ciudad esconden oscuras culpas, antiguas heridas jam?s cerradas, y tambi?n demandas insaciables. "Los inconsolables" es una obra inclasificable, enigm?tica, de un discurrir fascinante, colmada de peque?as narraciones que se adentran en el laberinto de la narraci?n principal, en una escritura on?rica y naturalista a un tiempo, y cuentan una historia de guerras del pasado, exilios y crueldades, relaciones imposibles entre padres e hijos, maridos y mujeres, ciudades y artistas. Una obra que ha hecho evocar "El hombre sin atributos" de Musil.
Внимание! Книга может содержать контент только для совершеннолетних. Для несовершеннолетних чтение данного контента СТРОГО ЗАПРЕЩЕНО! Если в книге присутствует наличие пропаганды ЛГБТ и другого, запрещенного контента - просьба написать на почту [email protected] для удаления материала
Nos paramos de nuevo, y caí en la cuenta de que estábamos delante del hotel.
– Ha sido un gran placer -dijo Pedersen, tendiéndome la mano-. Confío en que podré disfrutar nuevamente de su compañía en los próximos días. Pero ahora debemos retirarnos a descansar.
Le di las gracias, le deseé buenas noches y entré en el vestíbulo del hotel mientras el sonido de sus pasos se perdía en la oscuridad de la noche.
El joven conserje seguía en su puesto.
– Espero que le haya gustado la película, señor -dijo al entregarme la llave.
– Sí, mucho. Le agradezco que lo sugiriera. Ha sido muy relajante.
– Muchos huéspedes piensan que es una forma excelente de rematar el día. Por cierto, señor… Gustav dice que a Boris le ha gustado mucho su habitación y que se quedó dormido inmediatamente.
– ¡Ah, magnífico! Buenas noches -dije, y crucé el vestíbulo en dirección al ascensor.
Llegué a mi habitación deseoso de quitarme de encima la suciedad acumulada durante aquel largo día, y tras enfundarme el batín empecé a prepararme para tomar una ducha. Pero de pronto, mientras exploraba el cuarto de baño, sentí tal sensación de cansancio que lo único que pude hacer fue recorrer tambaleándome el espacio que me separaba de la cama. Me dejé caer encima de ella, y me sumergí al punto en un profundo sueño.
