La Caza
La Caza читать книгу онлайн
S?lo hay una cosa que Miranda no puede perdonarse a s? misma: haber sobrevivido. Doce a?os atr?s, consigui? escapar de las manos del asesino conocido como El carnicero, pero al hacerlo tuvo que dejar atr?s a otras v?ctimas como ella, atrapadas, torturadas y asesinadas por un s?dico que siempre ha ido un paso por delante de la polic?a. Ahora, vuelve a actuar. Miranda ya no es la presa, sino el cazador: sabe que atraparlo es la ?nica manera de volver a encontrar la paz. Pero para ello tendr? que reencontrarse con Quinn, el hombre que la ayud? a superar el miedo y, tambi?n, el que la traicion? cuando m?s lo necesitaba. Ahora los dos se enfrentan a la m?s perversa mente criminal… pero tambi?n a unos sentimientos que han intentado enterrar durante a?os.
Внимание! Книга может содержать контент только для совершеннолетних. Для несовершеннолетних чтение данного контента СТРОГО ЗАПРЕЩЕНО! Если в книге присутствует наличие пропаганды ЛГБТ и другого, запрещенного контента - просьба написать на почту [email protected] для удаления материала
Nick lo miró de reojo.
– No sabes de qué estás hablando. -El sheriff se dirigió hacia su camioneta.
– No te hagas el esquivo conmigo, Nick. Has estado demasiado tiempo con Miranda como para no darte cuenta. Está jugando contigo. Es algo que hace muy bien.
Nick se volvió para mirar a Quinn.
– Miranda y yo lo dejamos ya hace dos años.
Por la cara de Nick, Quinn se dio cuenta de que no estaba nada contento con el asunto, y le pareció que su voz sonaba casi acusatoria. Quinn estaba a la vez sorprendido y complacido de saber que Nick y Miranda ya no eran pareja. Y luego se enfadó consigo mismo por preocuparse. Bien mirado, Miranda jamás entablaría una relación con él.
– No me lo habías contado.
– ¿Por qué habría de hacerlo? Volvería con ella sin dudarlo un instante. Tampoco es que en este momento exista esa posibilidad -dijo, y se quedó mirando el camino por donde se había marchado Miranda-. Estando tú en la ciudad, no creo.
– Miranda me odia. -Odio quizá fuera una palabra demasiado suave. Aborrecer o despreciar serían palabras más adecuadas.
– Debería odiarte -dijo Nick, mirándolo de reojo-. Si a mí me hubieras expulsado de la Academia del FBI el día antes de graduarme, también te odiaría. Pero ella no te odia.
Quinn no estaba seguro de eso, pero guardó silencio.
– Si te odiara -agregó Nick-, ya se habría casado conmigo.
