La Caza
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S?lo hay una cosa que Miranda no puede perdonarse a s? misma: haber sobrevivido. Doce a?os atr?s, consigui? escapar de las manos del asesino conocido como El carnicero, pero al hacerlo tuvo que dejar atr?s a otras v?ctimas como ella, atrapadas, torturadas y asesinadas por un s?dico que siempre ha ido un paso por delante de la polic?a. Ahora, vuelve a actuar. Miranda ya no es la presa, sino el cazador: sabe que atraparlo es la ?nica manera de volver a encontrar la paz. Pero para ello tendr? que reencontrarse con Quinn, el hombre que la ayud? a superar el miedo y, tambi?n, el que la traicion? cuando m?s lo necesitaba. Ahora los dos se enfrentan a la m?s perversa mente criminal… pero tambi?n a unos sentimientos que han intentado enterrar durante a?os.
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– Lo siento, juez, pero tengo que detenerla. O tiene información que necesitamos acerca del paradero de su hermano, o tenemos que protegerla. No puedo dejar que ande sola por ahí. Hasta que detengamos a su hermano.
Quinn salió de la casa y llamó al despacho para ordenar la busca y captura de Delilah Parker, y para preguntar si Sam Harris se había presentado. No se había presentado. Maldita sea. Pidió al agente al teléfono que informara a todos los policías relacionados con el caso que Harris estaba oficialmente destituido de la investigación y que se le buscaba por obstrucción a la justicia. Quinn no podía permitir que Harris siguiera perjudicando la búsqueda de Larsen.
El juez Parker salió con él.
– ¿Vamos? -le preguntó Quinn al juez.
– Venga, lo llevaré. -Subieron al todoterreno de la policía. El agente Jorgensen iba al volante. Parker le dio las instrucciones para llegar.
– Dígame exactamente dónde. Voy a llamar a un equipo para que se reúna con nosotros. -Quinn necesitaba a todos los hombres disponibles.
Diez minutos más tarde, acabó todas las llamadas, incluyendo una a su jefe para informarle de lo ocurrido. Cuando cerró el móvil de un golpe, sonó su buzón de voz. Llamó y escuchó.
– Demos media vuelta -le dijo a Parker, con la voz tensa.
– ¿Qué? ¿Por qué?
– Volvemos a su casa. Acelera, Jorgensen -ordenó Quinn, y se volvió hacia Parker-. Su hijo ha visto a David Larsen ahí, hace menos de una hora.
